Autorretrato al carboncillo

Hacerse un autorretrato al carboncillo no parece, en principio, una actividad demasiado innovadora. De hecho, no lo es, pero es extremadamente motivadora por varios motivos. El manejo del propio material ya proporciona una experiencia física, táctil, muy rica. Mancharse las manos dibujando es un placer que solo el que ha dibujado conoce. Trabajar con la propia imagen también es importante. Dibujándose se conocen mejor a sí mismos. Se tienen que mirar, y reconocer luego en el dibujo. Para ello calcamos su imagen fotocopiada, porque el parecido es fundamental y ellos deben estar satisfechos del resultado para que resulte una experiencia significativa y memorable.

 

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